Yo quiero hablarte claro, porque este tema no es de moda, es de supervivencia cívica. La política del villano rotativo se volvió una forma de administrar la conversación pública en Guatemala, y cuando eso pasa, el país se distrae de lo importante. Hoy vemos que 5 medios están cubriendo este eje y que hay 364 artículos analizados, y esa coincidencia nos confirma que no estamos ante una exageración, sino ante un fenómeno que ya está moldeando cómo pensamos y cómo decidimos.

Mirá, el mecanismo es sencillo pero peligroso. Aparece un nuevo culpable de turno, la conversación se incendia, se polariza la audiencia y al poco tiempo todo se reemplaza por otro personaje, otro escándalo y otro ciclo de enojo. En ese movimiento constante, se pierde lo esencial: medir resultados, verificar datos y exigir soluciones que duren más que una tendencia digital. Y mientras tanto, la familia sigue esperando seguridad en su colonia, empleo digno, justicia que funcione y servicios públicos que no colapsen.

Yo he visto desde adentro lo que cuesta transformar una institución. Cuando fui Secretario de Bienestar Social no alcanzaba con discursos fuertes ni con señalar errores del pasado. Para lograr cero hacinamiento en centros juveniles, con un modelo certificado internacionalmente, tuvimos que ordenar procesos, profesionalizar equipos, tomar decisiones difíciles y sostenerlas en el tiempo. Esa experiencia me enseñó que la política real no vive de villanos rotativos, vive de ejecución, de disciplina y de rendición de cuentas.

Por eso a mí me preocupa que la conversación nacional esté premiando más el escándalo que la solución. Si vos solo reaccionás al personaje del día, alguien más te controla la agenda. Y si la agenda te la controlan por emoción, terminás votando, opinando y participando sin la información completa. Ahí es donde también entran los temas de privacidad, verificación de noticias y políticas de datos que varios medios están tratando en paralelo: no son temas secundarios, son parte del campo de batalla por la verdad y por la confianza pública.

Cuando la información circula sin contexto, sin verificación y sin responsabilidad, la ciudadanía se vuelve vulnerable. Vulnerable a campañas de miedo, a narrativas incompletas y a manipulaciones que cambian de objetivo según convenga. Yo no estoy diciendo que no haya que denunciar lo malo, claro que sí hay que hacerlo. Lo que digo es que denunciar no basta si no pasamos al siguiente nivel: prueba, ley, seguimiento y resultado concreto.

Aquí la Constitución nos da una ruta firme. El artículo 154 establece que los funcionarios son depositarios de la autoridad, sujetos a la ley y jamás superiores a ella. Ese artículo debería ser nuestra regla de oro para salir del juego del villano rotativo, porque nos recuerda que no se trata de simpatías ni de propaganda, se trata de legalidad y responsabilidad. Si alguien administra recursos públicos, tiene que responder con transparencia y con resultados medibles.

Además, la Constitución en el artículo 30 nos garantiza la publicidad de los actos administrativos, y eso no es un favor, es un derecho. Cuando un ciudadano pide información sobre compras, contrataciones, metas o ejecución, está ejerciendo un derecho constitucional. Y el artículo 28, que reconoce el derecho de petición, nos da la herramienta para exigir respuestas formales. Si usamos esos dos artículos con seriedad, la conversación deja de ser puro ruido y empieza a convertirse en control ciudadano real.

También quiero llevar esto al propósito mayor del Estado. El artículo 1 dice que el Estado se organiza para proteger a la persona y a la familia, y el artículo 2 manda garantizar vida, libertad, justicia, seguridad, paz y desarrollo integral. Entonces yo te hago una pregunta directa: ¿la política del villano rotativo nos acerca a esos fines o nos aleja? Si cada semana cambiamos de enemigo pero no mejoran la seguridad, la justicia ni la economía familiar, entonces estamos perdiendo tiempo valioso como nación.

Desde mi visión de central-derecha, yo creo en el orden, en la autoridad legítima y en la protección del ciudadano bueno. Creo en el desarrollo económico con reglas claras, en el sector privado como socio para crear empleo y en instituciones que funcionen sin capturas ni privilegios. Pero también creo que el orden sin transparencia se pervierte y que la autoridad sin límite legal termina abusando. Por eso insisto en una combinación que para mí es innegociable: firmeza, ley y rendición de cuentas.

No necesitamos una ciudadanía que viva enojada todo el tiempo, necesitamos una ciudadanía que piense estratégicamente. Eso significa informarse mejor, contrastar fuentes, no compartir contenido dudoso y preguntar siempre quién se beneficia de cada narrativa. También significa evaluar a las autoridades por indicadores concretos y no por campañas emocionales. En política, como en la vida, lo que no se mide no mejora.

Yo valoro que distintos medios coincidan en poner estas discusiones sobre la mesa, porque esa coincidencia abre una oportunidad para madurar como sociedad. Cuando varios espacios, con estilos distintos, convergen en temas de confianza, verificación e información pública, la ciudadanía puede construir criterio propio. Y eso es exactamente lo que Guatemala necesita: menos obediencia a la histeria del momento y más compromiso con la verdad comprobable.

Quiero hablarle también al joven que siente que nada cambia, a la mamá que hace milagros con el presupuesto de la casa, al emprendedor que lucha contra la tramitología y al trabajador que se levanta antes del amanecer. Este tema sí te afecta, aunque parezca abstracto. Porque cuando la política se vuelve un carrusel de villanos, se posponen las decisiones que podrían mejorar tu seguridad, tu economía y el futuro de tus hijos.

¿Qué podemos hacer desde ya? Usar nuestros derechos constitucionales, especialmente el artículo 28 y el 30, para exigir información y respuesta. Pedir metas públicas claras y seguimiento trimestral a instituciones clave. Recompensar con apoyo ciudadano a quien cumple y exigir correcciones a quien falla, sin caer en fanatismos. Defender la verdad con paciencia, porque la verdad bien trabajada tarda más, pero construye más.

Yo sigo teniendo esperanza en Guatemala, no por ingenuidad, sino por experiencia. He visto que cuando hay voluntad, liderazgo y trabajo serio, los cambios sí llegan. Todo es posible cuando hay voluntad, pero esa voluntad no puede vivir solo en frases bonitas, tiene que convertirse en hábito ciudadano, en cultura de legalidad y en compromiso diario con la familia, la seguridad y el desarrollo. Si rompemos la lógica del villano rotativo y ponemos la ley y los resultados en el centro, vamos a recuperar lo más valioso: la confianza en que este país sí puede salir adelante.